A PROFUNDIDAD: LA ENTREVISTA
“Yo no me siento, ni lograré jamás sentirme, un frío registrador de lo que escucho y veo. Sobre toda la experiencia profesional dejo jirones del alma, participo con aquel a quien escucho y veo como si la cosa me afectase personalmente o hubiese de tomar posición (y, en efecto, la tomo, siempre, a base de una precisa selección moral), y ante los personajes no me comporto con el desasimiento del anatomista o del cronista imperturbable. Me comporto oprimida por mil rabias y mil interrogantes que antes de acometerlos a ellos me acometieron a mí, y con la esperanza de comprender de qué modo, estando en el poder u oponiéndose a él, ellos determinan nuestro destino. Por ejemplo: ¿la historia está hecha por todos o por unos pocos?” (Fallaci, 1974, p.9) dice Oriana Fallaci en el prólogo de su libro Entrevista con la historia, calificado por muchos como un testimonio imprescindible del siglo XX, pues permite acercarse al pensamiento y la intimidad de los líderes mundiales que dieron forma al mundo que vivimos, desde Henry Kissinger a Yasser Arafat.
“Le pregunta se extiende al pasado, más bien a un pasado remoto del que conocemos sólo aquello que nos han impuesto, para que, obedientes, los aprendiésemos en la escuela. ¿Quién nos asegura que en la escuela no nos han enseñado mentiras? ¿Quién nos aporta pruebas capaces de demostrar la verdadera naturaleza de Jerjes, de Julio César, o de Espartaco? Lo sabemos todo sobre sus batallas y nada sobre su dimensión humana, sus debilidades o sus mentiras, o, por ejemplo, sobre sus chirridos intelectuales o morales. No tenemos un solo documento del que resulte que Vercingétorix fuera un bribón. Ignoramos si Jesucristo fue alto o bajo, rubio o moreno, culto o sencillo, si dijo las cosas que afirman san Lucas, san Mateo, san Marcos y san Juan. ¡Ah! ¡si alguien lo hubiese entrevistado con magnetófono para conservar su voz, sus ideas, sus pablaras! ¡Si alguien hubiese taquigrafiado lo que Juana de Arco dijo en el proceso antes de subir a la pira! ¡Ah, si alguien hubiese interrogado con un tomavistas a Cromwell y Napoleón! No me fío de las crónicas transmitidas de oído, de los relatos redactados demasiado tarde y sin posibilidad de pruebas. La historia de ayer es una novela llena de hechos que nadie puede controlar, de juicios a los que nadie puede replicar”, (Fallaci, 1974, p.10) continua Fallaci en su prólogo.
Ella, reconocida por su rigor, compromiso y agudeza fue y sigue siendo hoy, 13 años después de su muerte, más que una gran periodista, una gran preguntadora. Si alguien sabe de entrevistas es ella, que entrevistó a la historia. Y para ella, “una entrevista es algo extremadamente difícil, una examinación mutua, una prueba de nervios y de concentración”.
Pero la desconfianza que a ella le genera el tardío e impreciso registro de la historia y el poco conocimiento de sobre la dimensión humana que tenemos de los personajes que han sido decisivos para el curso de la humanidad, se mantiene, pues a pesar de que ahora los acontecimientos se registran en el momento en que suceden, las historias están omitiendo las preguntas.
Herramientas como las redes sociales permiten transmitir discursos singulares, y quién narra evita ser interpelado. Cuenta lo que quiere y como quiere. Por eso hoy, más que nunca son importantes las preguntas, las entrevistas. Las historias no pueden contarse sin preguntas. Las historias sin preguntas es un monólogo. La historia pasa por todos y se escribe, por lo menos, entre dos: el entrevistador y el entrevistado.
La importancia de las preguntas radica, según Sanmartín (2000), no solo en que pueden activar los recursos culturales del actor: su sistema de categorías, creencias, figuras de valor, etc. Sino porque sirven como puente, para ir y venir entre universos culturales, pues la entrevista es, sobre todo, un caso particular de observación, pues el todo no está en las respuestas, pues no son totales, sino que dependen de la reflexión y la inferencia.
La entrevista, continua Sanmartín (2000) es un yo narrativo, yo como parte de la historia, deja ver como los sujetos actúan y reconstruyen el sistema de representaciones sociales.Pero es una narración creada conjuntamente por el entrevistador y el entrevistado, pues el análisis del narrador es parte de la historia que se narra.
Esta técnica permite, principalmente, adentrarse en la vida de los otros, entrar y ver en detalle lo trascendente, descifrar y comprender los gustos, los miedos, las satisfacciones, las angustias y las alegrías, lo significativo y lo relevante; y consiste en construir paso a paso y minuciosamente la experiencia del otro.
Más que un bombardeo de preguntas, la entrevista es una conversación entre iguales, por lo tanto, más que llegar con una lista de preguntas, es preferible preparar un guion sobre temas generales para ir abordando, poco a poco los puntos que se buscan. Las preguntas son un instrumento de análisis que permite explorar, detallar y rastrear la información que más interese a la investigación.
La entrevista, como dice Fallaci es difícil, tan difícil aprenderla como enseñarla. Se podría comparar, quizás, al proceso de hacer amigos, pues no es tanto una técnica precisa, sino que depende de la empatía y está tampoco se enseña.
Pero hay factores que pueden facilitar los encuentros, según Robles (2011) es indispensable realizarla no sólo de forma individual, sino también, en espacios donde el entrevistado se sienta cómodo y seguro, procurando crear un vínculo estrecho, cómplice, que no restrinja la experiencia del entrevistado. Hay que evitar sancionar, restringir o limitar a los entrevistados, pues esto puede disminuir la posibilidad de obtener respuestas concretas, sinceras u honestas. También es importante evitar terminar las frases o las ideas delentrevistado y establecer criterios u opiniones personales durante la entrevista, pues puedenacotar el libre albedrío, restringir la comunicación y limitar el diálogo. Por último, formular preguntas ambiguas, polémicas o de conflicto puede constreñir, reducir o liquidar la posibilidad de nuevos encuentros.
También hace falta paciencia y tiempo, pues la construcción de datos es un proceso largo y continuo que se va construyendo de a poco. Es preferible tener encuentros más frecuentes que interminables y, una vez se llega al punto de saturación -cuando la conversación no aporta nada nuevo- es momento de parar, y programar otro encuentro. En el lapso entre un encuentro y otro, es preciso repasar la información obtenida para saber que de lo que investigamos todavía hace falta.
La entrevista en profundidad, dice Robles (2011) es un proceso que podríamos dividir en dos fases; la primera denominada de correspondencia, donde se dan el encuentro con el entrevistado, la recopilación de datos y el registro. La segunda, considerada de análisis, donde se estudiará con detenimiento cada entrevista y se asignarán temas por categorías, con esto, podremos codificar de manera eficiente toda nuestra información para su futuro análisis.
La primera parte puede empezar con preguntas básicas y generales, temas sencillos y de fácil acceso que permitan entablar la conversación para darle confianza al entrevistado para, poco a poco, profundizar en su intimidad. Durante las entrevistas deben tenerse claros los objetivos de la investigación y desarrollar poco a poco los temas.
La segunda parte, de análisis, se ocupa de construir la realidad de los entrevistados, sin embargo, debe tenerse claro que la percepción será indirecta, subjetiva y parcial, pues es imposible comprobar o comprender la experiencia del otro tal y como la ha vivido.
Robles (2011) describe el análisis como un proceso de reflexión donde "vamos más allá de los datos" para acceder a la esencia del fenómeno de estudio, es decir, a su entendimiento y comprensión. Asimismo, insiste Robles (2011):
algunos autores consideran que una forma de reforzar nuestro conocimiento y poder verificar la validez de los resultados es por medio de la triangulación, la cual supone utilizar diferentes estrategias para estudiar el mismo problema: diferentes técnicas para obtener los mismos datos, diferentes sujetos para responder la misma pregunta, diferentes investigadores para un mismo análisis, o diferentes teorías para explicar un mismo fenómeno.
Pero, como concluía Alonso (1995) en la entrevista:
no hay recetas ni instrucciones estandarizadas sino su capacidad de reflexión y decisión sobre el trabajo que está realizando (…) lo que hace del entrevistador un auténtico investigador, depende de su habilidad, su sensibilidad y su cultura para llevar a cabo su entrevista.
Lo que, en palabras de Sanmartín (2000), no es otra cosa que poner la humanidad en juego. Asimilar la experiencia de alteridad, dando lugar a un incremento de lugares posibles. Los problemas del trabajo de campo dependen de ese componente moral.
Es vital, entonces, tener siempre presente que los entrevistados como dice Robles (2011):
son los que conocen su mundo y éste puede ser muy distinto al que nosotros percibamos, por lo que el investigador tiene la tarea de reconstruir el mundo del informante de la mejor manera que él lo pueda conocer, creer o concebir, procurando mantener distancias que ayuden a disminuir las cargas de valor que se influyan en el estudio, pues los datos tienen que reflejar lo más posible las perspectivas y las experiencias de los participantes.
Y, para finalizar, Robles (2011) recomienda emplear otras técnicas de investigación cualitativas tales como la observación participante, los relatos de vida, historia oral, entre otros, pues serán de mucha ayuda para cubrir los espacios y silencios que puedan ocurrir dentro de las entrevistas en profundidad.
*No sobra nunca leer a otros que llevan años entrevistando. Por eso adjunto a dos grandes preguntadores: Oriana Fallaci en su Entrevista con la historia y Sinatra está resfriado, un perfil escrito por Gay Talese sobre Frank Sinatra para la revista Esquire, considerado el mejor perfil jamás escrito sobre Frank Sinatra. Lo pertinente de este texto no es lo bien escrito que está, sino la manera de llevar a cabo la investigación, pues Sinatra se negó a hablar con Talese, y este, ante la negativa, buscó otras formas de saber de todo de Sinatra sin hablar con él. Entonces pasó tres meses siguiendo a Sinatra, observando todo lo que acontecía a su alrededor y entrevistando a cualquier miembro de su séquito dispuesto a hablar.


Comentarios
Publicar un comentario