De la Cartografía social a la Cartografía del cuerpo: pensando el cuerpo y el territorio.

¿De qué manera es silenciado el cuerpo? La pregunta de Spivak (en Vélez, Rátiva y Varela, 2012) sobre si puede hablar el subalterno, se constituye como una de las cuestiones que pretende responder la Cartografía social como método y herramienta de investigación colectiva. Utilizada desde epistemologías como la Investigación, Acción, Participativa- IAP, la cartografía social se propone no solo develar prácticas e historias de los territorios, sino que se da como una apuesta pedagógica de construcción de conocimiento y transformación social y espacial.

Se trata de una metodología que se sitúa en el enfoque comprensivo-crítico y que contribuye significativamente a develar los sistemas simbólicos que los sujetos activan para aprehender el mundo y transformarlo. (Barragán, 2017, p. 133)

El territorio entendido como una construcción social, es decir, como un proceso de apropiación social del espacio desde dimensiones sociales, culturales, económicas y ambientales, y en el que se tejen necesariamente relaciones de poder (Sosa, 2012), es el “lugar” desde y sobre el cual se realiza la cartografía, donde a través de mapas construidos colectivamente se conduce a la “producción de convenciones, la cuales hacen posible la producción de significados compartidos y proyecciones colectivas” (Barragán, 2017, p. 137).
Por otro lado, y pensando en la pregunta de Spivak, los mapas se entienden como representaciones ideológicas:

Los mapas que habitualmente circulan son el resultado de la mirada que el poder dominante recrea sobre el territorio produciendo representaciones hegemónicas funcionales al desarrollo del modelo capitalista, decodificando el territorio de manera racional, clasificando los recursos naturales y las características poblacionales, e identificando el tipo de producción más efectiva para convertir la fuerza de trabajo y los recursos en ganancia. (Risler y Ares, 2013, p. 5)

Por ende, la utilización de la cartografía social deberá poner en cuestión estas miradas hegemónicas de los mapas tradicionales a través del intercambio colectivo, que genera otras representaciones e imaginarios sobre el espacio. Esta cartografía deberá permitir que hable el subalterno, que elabore mapas que se relatan desde lo colectivo, visibilizando encuentros y consensos de los sujetos, pero a la vez sus desencuentros y diferencias.






Tomado de: Risler y Ares, 2013. Manual de Mapeo Colectivo.


Cartografiando el cuerpo


Alzar la voz contra lo que hacen las empresas en nuestros territorios-cuerpos es importante porque es en la memoria de nuestros cuerpos y nuestras emociones donde ocurren los mayores daños. Nos dejan huellas de dolor porque rompen nuestras relaciones comunitarias, si extraen agua, tierra, o envenan nuestro espacio que habitamos nos dañan el cuerpo.
Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo

Pensar nuestro cuerpo como territorio, implica pensar que en allí convergen toda una serie de conflictos y representaciones, “es un territorio en puja, exploración, invasión y reconversión” (Di Bella, 2017, p. 146). El cuerpo –como territorio- es entonces un constructo social que está atravesado por relaciones de poder, donde además confluyen las dimensiones sociales, culturales, ambientales y económicas mencionadas por Sosa (2012).

Así, el cuerpo también se puede cartografiar, también se puede mapear.

Para este caso, traeré dos modos de hacer cartografía del cuerpo. La primera de ellas se refiere a la experiencia del Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, consignada en la guía metodológica Mapeando el Cuerpo- Territorio (2017). La segunda, a la experiencia de Iconoclasistas, dúo formado por Julia Risler y Pablo Ares consignada en su Manual de Mapeo Colectivo (2013).


Sufrir el territorio desde nuestro cuerpo



El Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo (2017), plantea que, a través de la cartografía corporal, se pueden hacer evidentes las agresiones que sufre el territorio, y cómo se viven estas agresiones desde el cuerpo. Por otro lado, esta permite la toma de posición en defensa del lugar que se habita.

En los contextos extractivos, la naturaleza, al igual que los cuerpos de las mujeres, es considerada un territorio que tiene que sacrificarse para permitir la reproducción del capital; aquella a la cual se puede explotar, violentar, extraer. Mientras lo masculino se relaciona con las actividades económicas de producción basadas en el control y la explotación de la naturaleza, lo femenino es considerado naturaleza sometida y subordinada que tiene que sostener la reproducción de la vida aún cuando los ecosistemas sean destruidos. (p. 49)

El trabajo desde talleres realizado por este colectivo dejó entrever, entre otras cosas, y desde espacios rurales, cómo el modelo económico extractivista que atraviesa los territorios, también impacta los cuerpos de las mujeres que los habitan, cómo relacionan ellas el sentir de su propio cuerpo con el dolor del territorio al ser impactado por modelos colonizadores del medio ambiente y de la cultura. A la vez, estos ejercicios permitieron ampliar el debate en estas mujeres sobre ecofeminismo en el espacio.

A continuación, algunas de las reflexiones suscitadas en la reunión de la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales en julio de 2015 en el que participaron mujeres de más de 10 países enfrentadas a megaproyectos extractivos:

       Tomado de: Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo (2017)

"Cuando tuve trombosis entendí la represa en mi cuerpo" Mujer colombiana

“El celeste es el cabello celeste de las mujeres indígenas, que como yo lo tenemos muy largo. Pero en mi comunidad dijeron que no podía opinar porque era joven. Y en una asamblea me corté el cabello delante de toda la gente. Con la lanza seguiremos adelante, y las gotas rojas es la sangre que derramaremos por nuestro territorio. Y las faldas es que seguiremos con nuestras tradiciones” Mujer kichwa de la Amazonía

"La vagina para mí es el equilibrio, porque es en medio del cuerpo y nuestra energía femenina. Lucho desde el corazón, donde está la esperanza. La idea de dar y recibir con las manos, compartir las luchas. Conexión con la tierra, con las otras mujeres y la pachamama, veo el territorio con la esperanza en el corazón de las otras" Mujer campesina de la sierra ecuatoriana


Cuerpo: disciplina, mandato y control


La otra experiencia que quiero señalar, hace parte de los talleres realizados por quienes se hacen llamar Iconoclasistas. La cartografía del cuerpo la realizan para reflexionar acerca de “cómo impactan ciertos discursos dominantes sobre los cuerpos, modelando percepciones, imaginarios y significaciones acerca de los roles sociales de sectores o comunidades”. (Risler y Ares, 2013, p. 27)Referencias Bibliográficas

Aquí, el mapeo del cuerpo permite develar los discursos dominantes que tienen control sobre nuestros cuerpos y que, de esta manera, moldean y organizan nuestras maneras de sentir el cuerpo, así como nuestras conductas e imaginarios sobre cómo debe ser.

Se proponen entonces diversas posibilidades de trabajar sobre cartografía del cuerpo para visibilizar y transformar estas prácticas, aunque no son las únicas:

a) relevar los "dispositivos urbanos de control", para analizar cómo la presencia en la calle de cámaras de seguridad y de fuerzas represivas públicas y privadas ejercen su poder por coerción directa o por amedrentamiento,

b) enfocar la mirada sobre los "saberes difundidos" en las instituciones vinculadas a la salud, el trabajo, la educación, etc., para debatir sobre cómo esto se encarna o visualiza en las prácticas cotidianas naturalizadas

c) identificar "mandatos sociales" e imaginarios colectivos sobre el "deber ser" o los modelos de "éxito" familiar y profesional, para desnaturalizar discursos dominantes

d) elegir imágenes y eslógans publicitarios para problematizar los "estilos de vida" que se promueven a través del consumo de bienes y servicios, etc. (p. 27)



De este modo, vemos cómo la cartografía social responde a la pregunta por la voz del subalterno. En ambas experiencias, desde un territorio rural y uno urbano, el cuerpo habla de diferentes maneras, es moldeado y representado por el sistema social que le impone normas y comportamientos, pero también es impactado por modelos de desarrollo que transforman los territorios de las colectividades. En ambos casos, la cartografía social -la corporal- permite develar estas realidades y avanzar un paso en la transformación tanto de territorio físico, como el territorio corporal.


Referencias bibliográficas


Barragán Giraldo, D. (2014). La cartografía social- pedagógica: una oportunidad para producir conocimiento y re-pensar la educación. Itinerario Educativo, 127-141.
Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo. (2017). MAPEANDO EL CUERPO-TERRITORIO Guía metodológica para mujeres que defienden sus territori. Quito: Creative Commons .
Di Bella, D. (2017). El cuerpo como territorio. Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación, 137-152.
Risler, J., & Ares, P. (2013). Manual de Mapeo Colectivo. Recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de creación colaborativa. Buenos Aires: Tinta Limón.
Sosa Velásquez, M. (2012). ¿Cómo entender el territorio? Guatemala: Cara Parens.
Vélez Torres, I., Rátiva Gaona, S., & Varela Corredor, D. (2012). Cartografía social como metodología participativa y colaborativa de investigación en el territorio afrodescendiente de la cuenca alta del río Cauca. Revista Colombiana de Geografía, 59-73.






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