Etnografía histórica: ¿volver al pasado?
Antes de elegir una metodología y técnica, el investigador debe plantear
su pregunta y “objeto” de estudio, esto le dará cierto criterio de selección,
aunque suele suceder que por la naturaleza[1]
de la etnografía, que las respuestas a veces no contestaran su pregunta, pero
sí le formularan otras. Etnografiar es más que aplicar una técnica para obtener
y procesar datos, es adentrarse en una comunidad, crear lazos, interactuar,
habitar una problemática e intentar dar cuenta de ella sin perder objetividad, pero
sobre todo, sin perder humanidad.
En una conversación que pude establecer con
Eduardo Restrepo sobre la metodología que he seleccionado -al menos por ahora-
para realizar mi investigación. Él me señaló que los textos no se etnografiaban.
Lo que me causo conflictos profundos, porque si la etnografía es un oficio, no tiene
un modelo canónico al que los investigadores debemos honrar. En un texto hay más
que oraciones, párrafos y normas gramaticales, existe una red de relaciones operando
desde un discurso.
Etnografía
Para establecer qué es la etnografía histórica,
es necesario, en primer lugar, aproximarnos a lo que es la etnografía como técnica
de investigación. Encontraremos que suele ser descrita como una herramienta de
investigación que procura la descripción detallada de la cotidianidad de las prácticas
“X” en la comunidad “Y”, pero es más que un instrumento con un fin utilitario. A
diferencia de otras técnicas, esta requiere de la vocación artesanal del etnógrafo,
pues es “un oficio que, como el de los pescadores o
artesanos, sólo se aprende desde la práctica misma” (Restrepo,
2016, pág. 11) .
Por los múltiples elementos que deben
tomarse en cuenta al momento de etnografiar, se procura trabajar a la par con
otras técnicas de levantamiento de datos y análisis, la modalidad de asociación
más usada mantiene la observación, y sobre todo la participante, centrada sobre
una localidad. Pese a que es una herramienta que se les ha adjudicado a los antropólogos,
no es de uso exclusivo de esta disciplina. La etnografía requiere priorizar el compromiso
ético y político con la comunidad, más que el académico, con determinada disciplina.
Se sugiere, de manera muy general, que la etnografía suele ser un
proceso lineal en el que se cumplen etapas de un proceso, Javier Murillo
y Cynthia Martínez-Garrido contemplan siete: selección del diseño, la
determinación de las técnicas, el acceso al ámbito de investigación, la
selección de los informantes, la recogida de datos y la determinación de la
duración de la estancia en el escenario, el procesamiento de la información
recogida y la elaboración del informe. (Murillo, F. J. y Martínez-Garrido, C, 2010, pág. 6)
El cumplimiento total del proceso no garantiza validez
a la investigación, de hecho, la etnografía es una herramienta a la que se la
puede atacar por su falta de interacción, cuando da lugar al acatamiento tácito
de las normas. Lo que no quiere decir que no las reconoce, sino que en más de
una ocasión será el investigador, y no su objeto de estudio, el que sea
interpelado por la realidad de las practicas de la comunidad.
Cada artesano transita la etnografía de diversas
maneras, sin que eso deslegitime su análisis y proceso de investigación. Sin
embargo, sentarse en un café por 2 horas para analizar y generalizar las
relaciones que allí se den, no es etnografiar; se debe mantener una rigurosidad
y reflexibilidad durante la investigación.
Rigurosidad porque el investigador debe -en medida
de lo posible- ser consciente en “todo” momento del rol que desempeña, por
tanto, llevar un control de su producción sobre la actividad de la comunidad, y
la de él, dentro de ella. Reflexibilidad, porque, aunque lo intente no va a mantener
-total- objetividad frente a las relaciones de las que él mismo ya es parte.
La etnografía, es entonces un desafío múltiple para
el investigador, pues no sólo requiere que se integre a una comunidad con una cotidianidad
distinta a la de él, sin que su actividad la afecte y sin que él sea afectado,
sino que también debe aprender a hacerlo de manera que su presencia sea
aceptada, pero no se convierta en imprescindible para la vida de la comunidad. Debe
aprender a crear y desanudar lazos, sin tener que romperlos.
Restrepo tiene razón cuando afirma que etnografiar
es un oficio, pues solo se aprende en base a la experiencia y, por tanto, a
errores y aciertos. Pero como etnografiar nos involucra directamente con una
realidad, que no es la nuestra, pero sí la de las personas con las que compartimos,
hemos de procurar cometer menos errores, pues estos ponen en juego más que una gratificación
académica, la vida misma de la comunidad.
Etnografiar es aprender a anclarse, pero nunca en
el mismo lugar.
Etnografía Histórica
En un pie de página del texto “Etnografía:
alcances, técnicas y éticas” de Restrepo, está casi olvidada su referencia a la
etnografía histórica. Si la etnografía es una metodología que procura dar
cuenta de las relaciones de una comunidad en un determinado lugar y en un periodo
de tiempo específico, ¿es posible etnografiar la historia? ¿cuál es el campo de
trabajo y análisis, si se trabaja sobre algo por fuera de la temporalidad del investigador?
¿cómo se posiciona ante variables de las que él mismo no es participe?
La etnografía, no es una sola, es un método que
es aplicado en varios casos, por tanto, existen varios tipos de etnografía. La
Histórica, asocia el análisis del discurso y el levantamiento de archivo
histórico, para dar cuenta de unas relaciones a las que no tenemos acceso directo,
pero que podemos reconstruir adecuadamente usando las herramientas de las que
disponemos.
…[Si]
los estudios etnográficos se refieren a descripciones sobre esas relaciones
entre prácticas y significados para unas personas sobre ciertos asuntos de su
vida social en particular, esto hace que impliquen comprensiones situadas.
Estas descripciones son comprensiones situadas porque dan cuenta de formas de
habitar e imaginar, de hacer y de significar el mundo para ciertas personas con
las cuales se ha adelantado el estudio]. (Restrepo, 2016, pág. 17)
El trabajo de campo, en este tipo de etnografía, requiere
que el etnógrafo se introduzca en el contexto de la producción de las fuentes
documentales, con las que entabla un dialogo con el pasado, presente y futuro. Es
un oficio que demanda la puesta en práctica de análisis crítico y contextualismo a profundidad.
La etnografía tradicional suele estar acompañada
por entrevistas, grupos focales, observación participante y más, este tipo específico
tiene como aliado principal al análisis crítico del discurso, con el propósito de
“hacer que emerjan las interacciones existentes detrás de los textos,
hablados y escritos” (Olmos, 2015, pág. 107) .
La etnografía histórica, procura ir más allá
de una simple interpretación de significados, porque interpretar no
implica necesariamente estudiar las consecuencias o fines de esos significados.
En otras palabras, se “trata de desvelar las ideologías de los hablantes, trata
de desvelar el rol que juegan los discursos en la pervivencia de las
desigualdades y mantenimiento de jerarquías y mecanismos de dominación y lucha
contra esa dominación” (Olmos, 2015, pág. 108)
Existe un equilibrio entre las aspiraciones de
la etnografía histórica y el análisis critico del discurso,
ambos
tratan de exteriorizar los significados detrás de la realidad socio-cultural
que se estudia. El archivo histórico, no se limita a lo textual, pero me centro
en estas fuentes pues son las que utilizare en mi trabajo de investigación.
Lo que buscare al implementar esta metodología
en mi investigación es, a través de los trabajos ya existentes realizados por
estudiantes[2],
establecer que “el discurso participa de la reproducción del abuso de poder (la
dominación) (…), sus consecuencias sociales (…) [y] la propia lucha contra esa
dominación” (Dijk, 2010, pág. 179), de la que conscientes ó no, participamos.
¿Se puede volver al pasado? En una dimensión espacio-temporal,
no. Sin embargo, la etnografía histórica nos permite acercarnos a las
relaciones y las prácticas que se dan en un tiempo que no habitamos, y que
necesitamos entender para luchar por sus significaciones, desde el presente.
Desanclar el pasado, nos permite buscar en el presente, las posibilidades para
la resistencia.
Finalmente, quisiera decir, aquel día Eduardo
Restrepo, me sugirió que leyera su texto de etnografía, y lo hice. Creo que
después de hacerlo, puedo afirmar en negación a su afirmación, que existe una
variedad importante de etnografías, que han aportado significativamente a
ampliar el campo de análisis de los Estudios Culturales, como la etnografía virtual
(Hine 2004), etnografía multi-sutiada (Marcus 1995, 2008), etnografía colaborativa
(Lassiter 2005), etnografía reflexiva (Dietz y Mateos 2010; Dietz 2012).
Y en el
supuesto de que la metodología que utilicemos en nuestra investigación no “exista”
o no sea “aprobada”, ¿debemos resignarnos y encontrar una que encuadre con aspiraciones
disciplinares e institucionales? Creo que no, más cuando parte de nuestro
compromiso político con los Estudios Culturales, es también, franquear los
bordes de las disciplinas y buscar metodologías capaces de llevarnos a “politizar
la teoría y teorizar la política” (Grossberg, 2009, pág. 18).
Bibliografía
Dijk, V. (2010). “Discurso, conocimiento, poder y
política. Hacia un análisis crítico epistémico del discurso” . Revista de
Investigación Lingüística, 167-215.
Grossberg, L. (2009). El
corazón de los Estudios culturales: Contextualidad, construccionismo y
complejidad. Tabula Rosa, 13-48.
Murillo, F. J. y
Martínez-Garrido, C. (2010). Investigación etnográfica. Madrid: UAM.
Olmos, A. (2015).
Análisis crítico de discurso y etnografía: Una propuesta metodológica para el
estudio de la alteridad con poblaciones migrantes. EMPIRIA. Revista de
Metodología de Ciencias Sociales., 103-128.
Restrepo, E. (2016). Etnografía:
alcances, técnicas y éticas. Bogotá: Envión Editores.
[1] Refiero,
al acercamiento del investigador a una cotidianidad distinta a la suya, y su integración
con ella.
[2] Trabajos
de grado de los estudiantes de la maestría de Estudios Culturales de la
Pontificia Universidad Javeriana.





Comentarios
Publicar un comentario